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jueves, 3 de febrero de 2011

Una luz al final del camino.

Está terminando, parece, un período de mi vida en el que hubo muchas turbulencias, más bien diría fueron más las turbulencias que los momentos de paz y tranquilidad. Parece que encontré una luz al final del camino, que mi vida ya no es la misma desde que aunamos nuestros rumbos, y aunque me hayan tildado de oscuro, aunque el tiempo les haya dado la razón, por suerte hay un ángel que iluminó mi sendero y tomó mi mano cuando era más fácil dejarme caer que ayudarme a subir. A partir de ahí la escalada es constante, costosa, como toda ascensión, pero constante.

Hay veces que no se como agradecerle que me mira a los ojos y me dice que lo hago feliz, y yo que no entiendo. Es un ángel, yo creí que los ángeles eran seres puros y felices por naturaleza. Ahí viene mi pregunta ¿Es que los seres puros y felices no se pegan a mi calzada? Mejor así, porque me aburren.

Con ese espíritu celestial aprendí a caminar erguido, empezó a circular por mis venas nuevamente, ahora con certezas, esa vieja premisa mía que me hacia creer que yo podía con todo. No es que así lo crea actualmente, pero en este momento parece cierto.

Para reclamarle a ese ángel poco es lo que tengo, ya que por mi dió mucho, incluso dejó de lado situaciones por las que muchos pagarían, solo para tener una comunicación interminable, en la que también, y sin darse cuenta, me enseño a amar.

Pero a los ángeles no se les reclama, y según parece, por lo menos a este, tampoco se le agradece. Cuando el otro día temblaban sus cimientos, las miradas eran fijas, y las palabras, pocas me dí cuenta que ya no era quien decía ser. Ni ella, ni yo. Quien en algún momento se había jactado de ser sombrío, de haber conocido el demonio y habérsele reído en la cara, ahora se derretía ante un beso y un simple “hoy soy más feliz”. Pero tampoco quien había forjado su coraza a fuerza de golpes y torturas dolorosas, ya que dejaba ver su esencia, de ojos claros y brillosos que podían iluminar cualquier recinto, que decían a gritos que esos tormentos hoy parecían lejanos, que estaba radiante a mi lado.

Y ese viejo barco de madera que a tantos puertos ajenos me había llevado, hoy tenía que entender porque estaba encallado. Ese perla negra al que muchos temieron, me dijo luego de eso que vaya tranquilo. Me saqué mi túnica negra, al fin mi piel sintió el sol, sufrí una breve fotofobia, para luego subirme al que sería mi nuevo vehículo, a este lo ilumina la luz de mi ángel, que me promete progreso, mucha más fortaleza que antes, y con esa compañía, casi como guiño del destino, salí a dejar mi ultimo rastro de oscuridad, ya que si solo me sentía fuerte, ahora, me siento invencible.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Con la pelota bajo la suela

Una Vez cada tanto y en esos partidos que a uno le toca mirar desde el banco, el técnico te mira, mira al preparador físico, le dice tu nombre mientras te señala y acto seguido te dice “pibe, vení”.

Ahí se te vienen a la cabeza varios pensamientos, el primero es cuando tenes la ineludible sensación de que entras a la cancha, es tu momento, el utilero te pasa la camiseta, y el técnico te empieza a hablar, y ahí es cuando empieza el segundo, esa sensación de responsabilidad que te fluye por las venas cuando el técnico te dice como quiere que juegues para dar vuelta el resultado, o peor, como reemplazar a una gran figura lesionada, o lo que es peor aún “hace lo que vos sabes”.

Cuando te dicen esa ultima frase, entras, miras el marcador y dice “30’ Segundo Tiempo 0-2” hay que poner todo de uno y no achicarse. A mi, me acaban de decir eso.

Me tuve que hacer cargo del equipo, tengo la pelota bajo la suela, y en quince minutos tengo que demostrar todo lo que sé hacer con la pelota, y salvar el partido.

Este encuentro todavía se está jugando, pero en la primera jugada me saque a dos de encima, con mucha elegancia, hice una pared con quien iba por izquierda, y después, cuando solo quedaba el arquero, salí gritando gol tras toque sutil pero furioso.

Bien. Primer objetivo cumplido, ya solo queda uno para el empate, y dos para la victoria, sin dudas, estamos mejor que antes.

Ahora, viene el momento más difícil de todos, a unos escasos minutos, de esos pocos que le quedaban al encuentro, me hacen una falta en la puerta del área grande, tiro libre directo. Me paro frente a la pelota, tomo carrera, es bastante cerca, así que le voy a pegar yo. Tengo pensado que vaya por encima de la barrera, que es gol seguro.

Ese tiro libre, todavía estoy en la carrera, otro día, quien dice en la nota post-partido, sepan como me fue… Si perdimos, empatamos o ganamos el encuentro.

lunes, 31 de mayo de 2010

Agachar la cabeza

Durante estos días me volví realmente conciente de que a veces hay que agachar la cabeza y reconocer que uno se equivoco. El yerro se comete diciendo algo, haciendo algo, contando algo, o lo que fuera, y esos errores, si no se retractan a tiempo, pueden atormentar la conciencia por largo rato.

Tengo dos historias para contar, empezaré por una, y la otra, quedará para otro momento. Cuenta, dicho relato, que una vez, invadido por la ceguera producida por la desesperación y el amor incondicional, dije cosas que no se si son ciertas, de las cuales no me arrepiento tampoco, porque me llevaron hasta lo que hoy tengo, o creo que tengo. En un par de ojos brillantes como el sol, hermosos como la luna y sensibles como un bebé perdí mi cabeza, y entregué mi corazón. Eso me llevo a hacer un montón de cosas de las cuales sinceramente me enorgullezco, pero hubo una, en la que dije poder leer el destino, o hasta haberlo escrito, que me hace sentir culpable. Algún día dije que ese amor parecía interminable, y hoy lo sigue pareciendo, pero cuando miré esos ojos llenos de lágrimas y me dí cuenta una vez más, que son aquellos en los que perdí la cabeza y entregué mi corazón. Me percaté de que no estábamos preparados para vivir sin mirarnos fijamente y abrazarnos cuando estos estuvieran llenos de lagrimas, impidiendo que se apague la luz de nuestra alma y caminar juntos por el sendero de la vida, simplemente porque ambos habíamos hecho esa gran entrega de la que creo, ambos estamos muy contentos.

Pero cuando algo parece morir, o disminuirse mucho en sus energías vitales, es muy difícil creer que está vivo hasta que se lo ve marchando a la par nuestro en el mencionado sendero. Y esté es el momento indicado para decir “me equivoque”, pensé que ese destino que creí escribir decía algo que ahora dudo, que actualmente no se si es tan cierto, que tus ojos me dicen otra cosa, que ese eterna conexión que se produce al mirarnos está intacta, como si jamás la hubiéramos desafiado a desaparecer. Cuesta creerlo, y cualquier golpe da la sensación de que lo mató, pero no es así, yo lo ví en esos ojos llenos de lagrimas que a los gritos rogaban un abrazo de esa persona que te juró que no iba a desaparecer de tu lado y que todo tu cuerpo reclamaba a gritos, y ahí estaba, cumpliendo con su promesa, brindándote el abrazo que necesitabas, la palabra de aliento que merecías y la caricia que pedía darte.

Por eso este es el primer texto que una expresión de mi corazón que no puedo ocultar, esa conexión que sentimos ambos cuando estamos juntos es algo que nunca voy a poder olvidar, ni en mil peleas, ni en dos mil años. Pero la gran pregunta que se hace uno en este momento es, ¿Cómo hago para, si pensas que se murió, mostrarte que no? Yo lo veo vivito y coleando, deambulando por mí cuarto recordando tu presencia a cada lado a donde miro.

Todos tenemos miedos, dudas y demás problemas que nos hacen pensar cual decisión es la correcta, pese a muchas veces, saberla de ante mano. Pero el otro día me preguntaba ¿Qué vale más que la felicidad? ¿Qué vale más que ese fuego sagrado de sentir que uno hace feliz a quien pretende? Y si se puede hacer eso, ¿Cuál es la razón para dejar pasar el tren? Las oportunidades no se escapan, uno las deja ir. Y cuando una de ellas toma la decisión de volver para que esta vez la abraces bien fuerte y le aproveches todo lo que trae consigo, es responsabilidad de cada uno saber hacerlo rendir.

Yo estoy más que dispuesto a jugar todas mis fichas a esto que tengo en el pecho, que me llena de ganas de protegerte y de ver esos ojos que guardan un no casual parecido con aquello que también me saca una sonrisa con su sola fragancia y me encanta que me despierte a la mañana, daría lo que fuera por poder asegurarte amor eterno, por poder asegurarte felicidad más allá del tiempo, pero como no me gustaría mentirte, así que simplemente voy a decirte, que ese cosquilleo que sentía en el pecho, ya no es tal, tenias razón, te estabas acomodando en mi corazón.

domingo, 23 de mayo de 2010

La lluvia volvió difusos los límites del campo de juego.

Hoy es una noche lluviosa y sinceramente, no tengo demasiadas ganas de salir. El blog está a escasas horas de cumplir su primer año de vida y empiezo a hacer un balance de que cambio y de como estoy hoy.

Mi vida viró sinceramente por varios horizontes distintos, ya no estoy parado donde lo estaba en aquel momento, me siento aún mucho más sólido que en aquel momento, más fuerte e incluso podría decirse, desde mi soledad en algún momento, mejor acompañado.

Podría contarles varias historias, varios ejemplos, pero decidí quedarme con uno que claramente domina mi cerebro:

Siempre me jacte de saber cual era el limite, de identificar hasta donde se podía legar, pero en este juego de ir y venir, de ver hasta donde puedo correr, me di cuenta que la lluvia hizo que perdiera la claridad que tenia para ver la línea que delimitaba de que lado estaba dentro del campo de juego, involucrado en el partido, y de que lado era un mero espectador, o peor aún, estaba fuera del encuentro, pero este me requería adentro.

Siento pasión por la camiseta que tengo puesta, sin dudas, nadie puede expresar lo contrario, es simplemente que a veces dudo de saber como jugar ese tipo de partidos, tengo la vacilación, vengo en franco ascenso en este torneo en el que estoy inscripto, que cuando parece que su fin es próximo, me doy cuenta que está recién empezando. Claramente mi forma platear los encuentros es cada vez mejor, y eso va llevando a victorias, triunfos que son conjuntos, y me hacen pensar que luego de un largo tiempo, no hay confrontación, al fin, con mi rival y que simplemente vamos a divertirnos.

Estoy muy contento por eso, poder entretenerme con aquellos con los que hice parte de las inferiores y me junté a jugar a la pelota en la plaza tantas veces, que hoy jueguen a mi lado, propongan risas, lujos conmigo, hagamos el desgaste físico juntos, pero nos veamos involucrados en un aplauso cerrado cuando nos retiramos de la cancha, exhaustos, ya hasta diría cansados de pasarla bien.

Mi problema empieza con los limites, ya no jugamos a la pelota en la plaza del barrio, ya no somos niños, ya crecimos, y tenemos que tomarnos con seriedad todo lo que nos involucre, el campo de juego ya no esta delimitado por líneas imaginarias y abstractas, sino que son muy claras, y si no lo son, no debería jugarse el encuentro, aunque me pregunto, ¿No debería jugarse el encuentro? ¿No es función del compañero que si tiene claro hasta donde se puede llegar, marcarlo?

Me encanta reírme con aquellos que me entiendo, se que con este equipo que arme podemos ganar en cualquier cancha, tenemos la posibilidad de golear, sabemos llenarle los ojos de fútbol a cualquier hincha. Pero sinceramente, lo que no tengo claro, es si mi ambición, la lluvia, los límites difusos, pueden traer algún problema. Si funcionamos como equipo dentro y fuera de la cancha, si jugamos bien en los entrenamientos, amistosos y partidos oficiales, ¿Está mal que me de miedo intentar jugar bien fuera de la cancha?

La decisión por el momento es haberme percatado de que mi nivel de juego, que se coronó con una gran victoria con goleada, aunque no haya alcanzado su techo aún, es excelente, y no voy a arriesgarlo por un partido en un día de lluvia en el que me pueda lesionar, espero poder seguir jugando en este nivel y así, poder darle una alegría a esta hinchada tan sufrida, que cuando vio rearmar este equipo, soñó con gritar nuevamente campeón.

domingo, 2 de mayo de 2010

Guerras internas de sensaciones encontradas

Hoy me toca hablar de sensaciones encontradas, de la sensación de que alguien está cerca cuando está lejos, y de que alguien que está a tu lado, parece a una distancia imposible de alcanzar. Esta sensación vengo teniendo hace un par de días, sobre todo la primera, todavía sin haber superado la tan nombrada sensación de inseguridad que me producen ciertas situaciones, me percibo más cerca de gente que pensé que se había alejado de mi vida, y que me tenía bastante atareado por eso, pero a su vez siento que en esa proximidad me alejo, me distancio porque simplemente estoy muy dubitativo, no se que es lo que está bien y que es lo que está mal, no entiendo que es lo que me pasa por la cabeza a veces, sencillamente, no se bien lo que quiero, que en realidad no es tan así, sino que podríamos decir que me tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones terminantes.

Estar cerca de esa gente que a uno lo hace feliz, esa gente que sabe como sacarle una sonrisa a uno, obviamente es muy beneficioso. Pero cuando hay sentimientos encontrados, y ahí es donde arranco con una metáfora, pensándolo como una guerra civil en la propia mente de cada uno, encuentro varios frentes del mismo “enemigo” (que en realidad no es tal, sino todo lo contrario y eso es lo que genera esos frentes), es donde se complica. Por un lado encuentro a los extremistas pacifistas, que vieron la manera de llegar a una ineludible paz, pero que proponen un acuerdo para conseguirla, con el que no se si hoy día coincido. Por otro lado se encuentran los extremistas de la guerra, aquellos kamikazes que solo tienen como función generar una batalla que sin lugar a dudas, va a dejar heridas para ambos bandos, que en este caso, no me interesa que ninguno de los dos tenga bajas. Pero por ultimo encontramos un tercer frente, un grupo que se encuentra justo en el medio entre los pacifistas y los kamikazes, que pretende llevar a cabo un acuerdo blando, que se vaya volviendo más firme con el correr del tiempo. Este es el grupo con el que yo quiero luchar, con el que estoy de acuerdo, porque no tengo ganas de ver muchos muertos, pero tampoco quiero cerrar una paz rígida, con un acuerdo poco flexible, que desembocará en una “paz armada”, o sea, una tensa calma, donde creo que no sería necesario que muera ningún príncipe (al utilizar los términos de descripción de la gran guerra, utilizo su paralelismo) para que se desate una feroz contienda. El más débil de los tres frentes es aquel que yo tengo que lograr propiciar, ya que es el único que tiene chances de no tener bajas ni heridos, porque la paz armada es peligrosa a largo plazo, y los kamikazes, a corto plazo.

Si lograra vencer en la interna y en la guerra el frente “gris” todo sería como debe ser, probablemente se darían algunas batallas al principio, porque ese es el defecto del acuerdo blando, pero con el tiempo este se irá fortaleciendo para conseguir una paz más duradera, y más cercana a la proyección a futuro, y así, no tener que estar mirando día a día. Tengo grandes ansias de poder traer victorioso a casa a aquellos soldados que pidan un acuerdo blando, y que estén dispuestos a pelear por él si es necesario, y para ello, tengo que armar una estrategia, que me permita imponer una “batalla final” y que en la negociación post bandera blanca, se firme este pacto.

Para ir cerrando quiero aclarar que hay batallas y guerras a las que gusta llegar, pero son riñas en las que salen ganando ambos, difícilmente haya bajas y que, como todo mal ganador, siempre me dejan contento, y mis irónicos enemigos y yo sabemos, que son las mejores.

viernes, 30 de abril de 2010

Que ironía de la vida

Hoy empiezo a hablar de todos esos temas que me quedaron en el tintero, esos temas de los que jamás escribí, porque no era el momento, o porque, simplemente, no era mi tiempo.

El tema del que voy a hablar hoy son las grandes ironías de la vida, esas cosas extrañas que no uno termina de entender, pero sucedieron, fueron así, y son mensajes, señales que te da la vida, que uno puede tomarlos, o no. La mayoría de ellos los interpreté y fueron, indudablemente, cosas que me dejaron pensando, de la cuales algunas aún hoy no termino de entender, no termino de explicarme, pero existen, y cada vez que las pienso, entro en un estado de transe del cual no puedo salir, cuesta asumir ciertas cosas, ciertas ironías de la vida. Para ejemplificar esto, decidí contar una historia que me parece que va a explicar todo eso:

En un momento de mi vida, hace relativamente poco tiempo, yo tenia una pareja armada, pero estaba viviendo uno de los momentos más difíciles de mi vida, y de rebote, conocí a quien luego de poco tiempo se convertiría en mi confidente, es persona que sabía más de mi que mucha gente que estaba a mi lado hacia mucho tiempo, incluso, muchas veces, que mi propia pareja. Ese que fue un ángel guardián durante bastante tiempo, esa, la única persona que se levantó para darme un abrazo aquel día, el día después de que se haya visto una de las cosas que más me arruinó a lo largo de mi vida, y todos lo sabíamos, solamente ella dio un paso al frente y se hizo cargo de una situación que no le correspondía, desde una insipiente amistad que ya era más que eso, nos confundimos en un abrazo, y al borde de las lagrimas, decidí cesar.

El tiempo pasó y se convirtió en esa persona que escuchaba mis problemas, me animaba, y me ayudaba a solucionarlos, esa persona que tenía un rol esencial en mi vida, aunque no se daba cuenta, era pieza fundamental de mi mente, esa estructura básica que permitía, pese a haber vivido momentos duros, estar siempre al pie del cañón, preparado para la pelea.

Con el tiempo, esa persona fue ganando más y más terreno, siempre sin perder la amistad, pero era casi como mi hermana, la persona con la que más hablaba de todos, la persona que me hacia reír, que me levantaba cuando no quería hacerlo, que me movía cuando ya no quedaban energías, y mi campera de Jean, se mojaba un poco con las gotas de dolor que fluían de mis ojos.

Pero el momento de máximo esplendor llegó, cuando nos dimos cuenta que éramos, también, quienes podíamos satisfacernos el uno al otro, y así, entablar una relación nueva, desde un costado distinto, que parecía perfecto desde un primer momento. Aquel confidente, aquel ser humano hermoso que iluminaba mis noches y daba brillo a mis mañanas, sería mi compañera, había una sensación de vacío, casi imperceptible por hecho de que pasaba mucho tiempo con ella, pero, uno pensaba, cuando terminaba de estar con ella, o cuando pasaba algo lindo, que quería llamar a su alma gemela para contarle que era feliz, que todo parecía perfecto, que se afrontaban los prejuicios y problemas con entereza, y que estábamos unidos por un lazo que en algún momento parecía indestructible. Pero esa persona ya no existía, ya mi alma gemela ya no era mi amiga, cuando la veía, ya veía otra cosa en ella, pero como todo parecía perfecto, uno no le prestaba atención a eso.

El tiempo siguió pasando, y empezaron algunos problemas en los que si se comenzó a notar la ausencia de esa amiga incondicional, con la que nos mirábamos a los ojos y nos entendíamos de memoria, como si nos conociéramos de toda la vida. Lloraba y la buscaba para contarle, para requerir su consuelo, para que me dé un abrazo, y cuando la encontraba, caía en la cuenta de que ella no existía más, irónico el momento en el que parece que esa persona que fue todo en la vida de uno, es simplemente agua salada representando sufrimiento que recorre las mejillas…

Llegamos al día de hoy y ya pasaron varias veces donde le dije, buscá a mi mejor amiga, porque la necesito, preciso un abrazo suyo, no estoy bien y es la única que me entiende, y aunque hoy las cosas no sean las mismas y todos sepamos que existe una atracción física, sigo en la búsqueda de mi mejor amiga, para que me de ese abrazo que nadie entendería, me consuele como solo ella sabría, y me cuente esos chistes, que solo a ella se le ocurrirían.

miércoles, 28 de abril de 2010

El partido de la vida

Vengo atrasado con los textos respecto de los momentos de mi vida, lamentablemente hay varios sucesos que me costó mucho narrar, jamás hablé de determinados temas que en algún momento, con más tiempo, hablaré. Pero hoy tengo ganas de contar del presente, de ese momento que estoy transcurriendo donde uno debe barajar y dar de nuevo, uno siente que su vida es un partido de truco, que las cosas pasan con mucha velocidad, tanto que uno no llega a entenderlas, que de un día para el otro, aquel que estaba en frente tuyo y te pasaba las señas, hoy está a tu lado, mirándote las cartas, o a veces ni siquiera eso, y tal cosa, a veces, duele…

Cuesta asumirlo, pero cuando uno lo asume, siempre la intención debe ser que esa persona no se vaya del encuentro, y a veces para lograr eso, uno debe dejar entrever sus cartas, obviamente que si son todos cuatros es mucho más fácil de convencer al potencial “rival”, pero si no lo son, también hay que hacerlo, para que este sepa que tu voluntad es lúdica y no competitiva, esto es, básicamente, lo que estoy viviendo hoy día.

La baraja se rearmo, se está mezclando, y cada jugador tiene nuevas cartas, esas cartas que van a definir una nueva mano, no un partido, por lo menos eso parece, por ahora. El partido parece estar recién arrancando, nuestros puntajes son bajos aún y las cartas, digo sin temor a equivocarme, tampoco son las mejores. Es un momento de incertidumbre, porque hoy con el juego en esta faceta, ninguno conoce de memoria a su compañero, no puede jugar sin hablar, por momentos pareciera que aunque nos conocemos todos, nadie conoce a nadie…

Y cuando miro las cartas que apaño con mis manos solo me quedan algunas contradicciones, esas sensaciones encontradas que le hacen preguntarse a uno muchas cosas, que le hacen sacar a uno muchas conclusiones, esas que hacen sentir escalofríos, mientras calientan la cabeza, de tanto pensar. De ese momento en que uno tiene todo en la cabeza aunque en realidad no tenga nada, me llevo un desenlace parcial, que paso a relatar y luego explicar:

“…Será cuestión de cerrar los ojos y darle para adelante, es de valiente sonreír cuando el corazón llora, pero es de egoísta que el corazón llore cuando debería sonreír...”

Las ganas de cerrar los ojos y hacer lo que fuera, saliendo por un rato de la metáfora del partido de truco, implica perder los prejuicios, pero también los juicios, dejar de pensar que si tal o cual es de tal o cual manera, o hace tal o cual cosa, simplemente cerrar los ojos, hacer lo que uno tiene ganas, con la mayor seguridad posible, y no preocuparse por el que dirán.

Por otra parte, no me quedan dudas que exponer una sonrisa en la cara cuando por dentro uno se desvanece y su corazón está llorando a mares, es una indudable muestra de valentía, porque es saber afrontar los momentos difíciles con entereza, sabiendo cuando pedir ayuda, pero sin animo de dar lastima, pero que llore el corazón porque duele lo que hace alguien, sea cambiarse de silla y tener a otro compañero en el partido de truco, o exigir que de cuatro se vuelva a seis, de seis a ocho, cuando uno hace, lisa y llanamente lo mismo, y eso a uno lo hace feliz, es bastante egoísta por parte de quien llora cuando hace algo que lo hace feliz, solo porque también lo hace otra persona…

La culminación es, aunque cueste, mi corazón aprendió a sonreír, y a arriesgarse a mostrar las cartas, solamente porque tiene como premisa la igualdad de oportunidades y la libertad, y quiere que aquel corazón que antes le pasaba las señas de sus cartas, hoy, sentado a su lado, se las muestre, comenten juntos, se den consejos, porque ambos saben, cuando se miran a los ojos, que tienen un mano a mano pendiente.

viernes, 22 de enero de 2010

Dicotomia de mi vida

Inundado de amor, tanto como de ira, cuesta tomar decisiones certeras. Es mucho más eficaz tratar de poner la cabeza en la heladera. Estoy en ese proceso, en el que debo ver cual es el mejor camino a seguir, sin lastimar a esa persona que sinceramente quiero ver bien, a esa persona que me hace sentir bien. Ha dicho muchas cosas bonitas sobre mi, que a veces no se como retribuir, que a veces me siento en la obligación de retribuir, que a veces siento que retribuyo de sobre manera.

Hay momentos donde lo más importante es una palabra bonita, una frase cursi, pero hay otros donde lo que debe predominar es realizar cosas, brindar hechos. Ese proceso quiero, y creo estar lográndolo, empiezar a circundar. Ver a una persona netamente enamorada de uno es muy satisfactorio, pero aquellos que podemos ser tildados de ambiciosos, o de que no sabemos vivir el hoy, que siempre proyectamos en el mañana, cuando sentimos lo mismo, empezamos a tratar de construir algo que deje cada día más y más huellas, generar una estructura. Gran dicotomía se genera cuando uno quiere eso, puede eso y hace todo lo que esta a su alcance para conseguirlo y la otra persona no quiere, o lo que es peor y duele más, no puede.

Es una pregunta que me hago todos los días, yo quiero proyectar, no sentirme disminuido en ningún momento, ¿Y si no se puede? ¿Debo dejar todo lo que siento de lado por esa ambiciosa necesidad de crecer? ¿Debo calmar mi ansiedad? ¿Debo replantear mi ambición?

Cuantas preguntas, para una sola respuesta. Dejar todo lo que siento de lado por esa ambiciosa necesidad de crecer implica, indefectible y minimamente, cambiar el tipo de relación que tengo, y eso es algo que no estoy dispuesto a hacer, por el simple hecho de que yo llego a necesitar proyectarme con ella, por lo que siento, y cuando la proyección es mucha, los sentimientos no pueden dejarse de lado.

El resto… Son todas incógnitas que para alguien que no las tolera, son un pesar diario. Me encantaría tener alguna respuesta, algún dato o por lo menos, algún atisbo de solución. Una idea con la que poder sobreponerme a la adversidad hoy presente sería excelente, pero no existe hoy por hoy. ¿Y qué hago con eso? Por el momento, me quedo pensando…

También hay otra cuestión, para aquellos que tuvimos varios intentos fallidos en el amor, siempre añoramos conseguir el maravilloso complemento, y así lo sienten ambos, los esfuerzos sobrehumanos por alimentar la pareja, ayudar a la otra persona y tratar de crecer, parecen simples juegos de niños, o por lo menos así, lo siento yo…

domingo, 29 de noviembre de 2009

Esa Luna que todo lo ilumina

Esta historia empieza hace catorce años en un pequeño departamento de la Avenida Córdoba. Vivía una pareja con un niño y eran felices…
Un día llego la mujer de la casa con un pequeño animal, una noche donde la Luna empezó a alumbrar.

Una morocha que rápidamente se metió en mi corazón, se hizo querer y hasta la llegue a amar, ella vió mis peores tristezas, mis mejores alegrías y fue la que desde un lugar silencioso se acercó a mimarme en uno de los momentos más difíciles de mi vida.

Siempre acompañó a esa familia que vivía en el pequeño departamento de la Avenida Córdoba, cuando esta fue creciendo, mudándose, etc. Ese pequeño niño de tan solo 4 años que la amaba hoy tiene 18 y dice con total seguridad que esa morocha quedará guardada en su corazón por el resto de su vida.

Durante este año me hizo pegar varios sustos, me tuvo en vilo mucho tiempo. Hasta que hace exactamente veintiún días me di cuenta que faltaba poco tiempo para que perdiera, que no estuviera más a mi lado. Estaba charlando con la persona que me acompaña todos los días de mi vida y que ilumina mis mañanas en la cocina de mi casa cuando me di cuenta que esa Luna que iluminó durante tanto tiempo necesitaba luz, estaba desorientada. Empezamos a observarla entre todos, pero su sufrimiento era más y más, empezaron los llantos suyos y de toda la familia, un día me quebré y a mi compañera le confesé que ya no quería que sufriera más, que me había dado cuenta que no quería luchar más…

Entre llantos que logro consolar caí en la cuenta que esto tendría un final precipitado, así lo fue, desde que me di cuenta a hoy pasaron tan solo tres días y ya tengo el final de la historia…

Fue en la noche del sábado, entre llantos, cuando los médicos nos confirmaron que estaba sufriendo de dolor y yo le mande un mensaje a ella diciéndole que la pelea que dimos se había terminado. Hoy me llamaron para decirme que ya estaba, y empecé a temblar, y yo les juro que no lloré hasta que en un momento sentí un escalofrió y me quebré en llantos, esa conexión que habíamos tenido durante todas nuestras vidas se había cortado, y yo que me despedí sin darle un abrazó y un beso, solo unas caricias y le dije “te amo”…

domingo, 1 de noviembre de 2009

La ruleta de la vida

En la ruleta que llamamos vida todo vuelve a suceder, el amor, la desilusión, los llantos, las alegrías, las tristezas, las amistades y hasta las enemistades. Pero también, siempre, siempre, hay un número que te hace feliz, ese que te da las fichas para seguir intentando, o mismo, para retirarte con una sonrisa dibujada.

Yo le jugué a ese número de vuelta, una vez más, después de que me fuera esquivo, y salió, y ahora, parece que me vicié, y no puedo parar, es que es hermoso, no se como controlarlo, no se como poder evitarlo. Se que si juego de más me va a hacer mal, que en algún momento me voy a quedar sin fichas, pero no puedo evitarlo…

Hoy estoy al limite jugando con fichas rojas y que están calientes, tengo un poco de miedo de quemarme, incluso en algunos momentos tengo mucho miedo, miedo de que el crupier que tiro la pelotita y saco ese número de la felicidad acompañada del amor, me diga: cambió de turno y yo quede otra vez, mirando la nada, sin fichas y con un trago casi vacío que quería compartir con vos.

Hace poco quise tomar ese trago dulce y rico solo, me arrepentí y por suerte estuve a tiempo y supiste comprender, ayudarme a compartir y ahora solo no quiero, solo no me alcanza, solo me parece que no sabe a nada.

Tantas cosas vivimos juntos, tantas veces te compartí de mi trago, te pregunté que número saldría y hasta acertaste. Tantas veces me compartiste de tu trago y hasta me diste una ficha para jugar ese número que vos sabías que iba a salir.

Tantas veces te dí una ficha yo cuando salió un sinsabor, igual que vos hiciste conmigo, tantas cosas que compartimos, y ahora que tengo miedo, mucho miedo, sobre todo, de que te vayas y me dejes solo, jugando como un viciado…

En un momento nos confundimos en un abrazó y me di cuenta que éramos uno, aunque sea por lo que duró ese momento, y me di cuenta que te necesito para ayudarte y para que vos me ayudes a mi, sobre todo para que vos me ayudes a mi, a ser feliz y a mostrarte como pienso yo, que puedo hacerte feliz…

miércoles, 28 de octubre de 2009

Nuevas Sensaciones

Varias veces demoré hablar este tema, pero lo cierto es que desde hace unos días descubrí como se puede uno sentir acompañado aún cuando se esta físicamente solo, cuando uno puede sentir como lo roza una caricia, aunque esta haya sucedido la noche anterior, mil veces quise saber la razón de esta sensación, o asimismo quise saber que debería hacer con esto que sentía, esto de sentirse importante una vez más, de sentirse cuidado, como pocas veces, de sentir que se cuida, como a nadie.

Cuando este sentimiento trae aparejada una historia externa a cualquier tipo de relación de pareja, o de algo que se le pareciera, la situación se hace aún más pesada, uno no entiende nada, y no sabe que hacer… Tuve esa sensación, ese problema, hasta que nuevamente volví a probar el más placentero de los sabores, el más dulce de los caramelos, el más rico de los asados, esa noche, y no antes, aunque tuviera la convicción, descubrí que debía dejar todo lo que una de las personas más sencillas que conozco, considerara dañino para mi persona, y por otra parte, también, decidí dejar parte de mi pasado en el “umbral de los recuerdos”, parte que va madurando con el tiempo, y aspira a la felicidad suprema, felicidad que también sentí anoche cuando me refleje en los ojos de ella y ví como compartíamos un mismo sentimiento, una misma sensación y un mismo deseo.

Por otra parte, para quienes tenemos la vocación de tratar de ayudar, como se pueda, a quien amamos y vemos mal, o sabemos que necesita algo, hacemos muchas cosas con total de que esa dicha persona se sienta reconfortada, toleramos muchas cosas que en otro contexto no toleraríamos, e incluso, decimos cosas que sabemos que concientemente esa persona no quiere escuchar, pero en la inconciencia del hermoso y utópico mar de los sueños, eso es símbolo de, por lo menos, una sonrisa.

Para cerrar quiero decir que hay gente que en la vida de una persona es símbolo de fiesta, de problemas, o de mil cosas distintas, pero también hay gente que es símbolo de paz, libertad y amor. Cuando esas tres cualidades se juntan en una sola persona, en general esa cumple la función de cable a tierra para quienes tienen algún problema, y además de tres cualidad muy lindas, tienen un poder que no tiene precio, que es tener una persona que juegue todas sus fichas a nombre suyo, porque para quien ve esos símbolos todos juntos en alguien, es muy difícil que no quiera ser feliz con esa persona.

domingo, 26 de julio de 2009

Reflexión sobre el amor

Como lo prometido es deuda, hablaré del amor.
Ese sentimiento al que todos le tememos, pero que todos sentimos, no siempre por una pareja, hasta me atrevería a decir que la mayoría no lo sintió por una pareja, pero si por una camiseta, un barrio, un amigo, una amiga, un familiar. La gente dice que el amor es doloroso, pero salvo en situaciones de pareja, o bueno, clubes o barrios, no duele tanto, no me duele la relación que tengo con mis amigos, no me duele relación que tengo con gran parte de mi familia, aunque si duele esos amigos que traicionaron, esos familiares que no parecen de tu familia.

Respecto a lo que de pareja se refiere, que es lo que todos esperan leer, lo que duele no es el amor, es el desamor, es el darse cuenta que una persona no es lo que uno esperaba, que no quiere lo que uno quiere, que son muy distintos, o lo que fuera, eso duele, darse cuenta que uno no es para el otro.

Y cuando hablo de amor no digo las situaciones ideales, de los libros de cuentos donde son felices y comen perdices, hablo de algo que no se puede explicar, esta situación donde uno se maneja sabiendo que hay alguien lado, alguien que te ama, y que esta a tu lado, y nada mas, en el amor hay peleas, pero uno sabe que es cuestión de inercia que la pelea termine, porque se aman.

Algunos estamos enamorados de ciertas cosas que son difíciles de explicar, aunque lo que sientas por una mujer no sea amor, verla sonreír, disfrutar, reír, sentir su piel, sus manos, acariciarla, eso es amor en estado puro, y estoy enamorado profundamente de esos momentos, esos momentos que recuerdo, y que se quedan por siempre en mi corazón, porque me los llevo al cajón.

En definitiva, el mejor momento es cuando un beso, una caricia, están acompañados del sentimiento más hermoso hacia una persona, por ahí, ese es el momento donde yo, y no generalizo porque nunca lo lleve a una mesa, me siento pleno, lleno, extasiado, los ojos de una mujer cuando te gritan que te aman, los labios cuando reclaman tus besos, el cuello cuando reclama tus caricias, son momentos que no tienen retorno y yo digo lo que mi corazón quiere.

Lo doloroso de todo esto, del momento de mayor éxtasis, del momento ese en el que sentís a alguien como parte tuya, es darse cuenta que no fue así, que en realidad solo había un poco de química, y no hay amor, o ella no siente amor, es muy doloroso, eso es lo que duele del amor, el desamor, el darse cuenta que era un encantamiento, con fecha de vencimiento.

Algún día prometí hablar sobre el amor y estoy cumpliendo, para otra ocasión quedará una reflexión sobre el desamor, ese dolor profundo que desgarra el alma y rompe corazones, hoy el día invita a hablar sobre sentimientos positivos, sobre cosas lindas que suceden en mi corazón.