Hoy empiezo a hablar de todos esos temas que me quedaron en el tintero, esos temas de los que jamás escribí, porque no era el momento, o porque, simplemente, no era mi tiempo.
El tema del que voy a hablar hoy son las grandes ironías de la vida, esas cosas extrañas que no uno termina de entender, pero sucedieron, fueron así, y son mensajes, señales que te da la vida, que uno puede tomarlos, o no. La mayoría de ellos los interpreté y fueron, indudablemente, cosas que me dejaron pensando, de la cuales algunas aún hoy no termino de entender, no termino de explicarme, pero existen, y cada vez que las pienso, entro en un estado de transe del cual no puedo salir, cuesta asumir ciertas cosas, ciertas ironías de la vida. Para ejemplificar esto, decidí contar una historia que me parece que va a explicar todo eso:
En un momento de mi vida, hace relativamente poco tiempo, yo tenia una pareja armada, pero estaba viviendo uno de los momentos más difíciles de mi vida, y de rebote, conocí a quien luego de poco tiempo se convertiría en mi confidente, es persona que sabía más de mi que mucha gente que estaba a mi lado hacia mucho tiempo, incluso, muchas veces, que mi propia pareja. Ese que fue un ángel guardián durante bastante tiempo, esa, la única persona que se levantó para darme un abrazo aquel día, el día después de que se haya visto una de las cosas que más me arruinó a lo largo de mi vida, y todos lo sabíamos, solamente ella dio un paso al frente y se hizo cargo de una situación que no le correspondía, desde una insipiente amistad que ya era más que eso, nos confundimos en un abrazo, y al borde de las lagrimas, decidí cesar.
El tiempo pasó y se convirtió en esa persona que escuchaba mis problemas, me animaba, y me ayudaba a solucionarlos, esa persona que tenía un rol esencial en mi vida, aunque no se daba cuenta, era pieza fundamental de mi mente, esa estructura básica que permitía, pese a haber vivido momentos duros, estar siempre al pie del cañón, preparado para la pelea.
Con el tiempo, esa persona fue ganando más y más terreno, siempre sin perder la amistad, pero era casi como mi hermana, la persona con la que más hablaba de todos, la persona que me hacia reír, que me levantaba cuando no quería hacerlo, que me movía cuando ya no quedaban energías, y mi campera de Jean, se mojaba un poco con las gotas de dolor que fluían de mis ojos.
Pero el momento de máximo esplendor llegó, cuando nos dimos cuenta que éramos, también, quienes podíamos satisfacernos el uno al otro, y así, entablar una relación nueva, desde un costado distinto, que parecía perfecto desde un primer momento. Aquel confidente, aquel ser humano hermoso que iluminaba mis noches y daba brillo a mis mañanas, sería mi compañera, había una sensación de vacío, casi imperceptible por hecho de que pasaba mucho tiempo con ella, pero, uno pensaba, cuando terminaba de estar con ella, o cuando pasaba algo lindo, que quería llamar a su alma gemela para contarle que era feliz, que todo parecía perfecto, que se afrontaban los prejuicios y problemas con entereza, y que estábamos unidos por un lazo que en algún momento parecía indestructible. Pero esa persona ya no existía, ya mi alma gemela ya no era mi amiga, cuando la veía, ya veía otra cosa en ella, pero como todo parecía perfecto, uno no le prestaba atención a eso.
El tiempo siguió pasando, y empezaron algunos problemas en los que si se comenzó a notar la ausencia de esa amiga incondicional, con la que nos mirábamos a los ojos y nos entendíamos de memoria, como si nos conociéramos de toda la vida. Lloraba y la buscaba para contarle, para requerir su consuelo, para que me dé un abrazo, y cuando la encontraba, caía en la cuenta de que ella no existía más, irónico el momento en el que parece que esa persona que fue todo en la vida de uno, es simplemente agua salada representando sufrimiento que recorre las mejillas…
Llegamos al día de hoy y ya pasaron varias veces donde le dije, buscá a mi mejor amiga, porque la necesito, preciso un abrazo suyo, no estoy bien y es la única que me entiende, y aunque hoy las cosas no sean las mismas y todos sepamos que existe una atracción física, sigo en la búsqueda de mi mejor amiga, para que me de ese abrazo que nadie entendería, me consuele como solo ella sabría, y me cuente esos chistes, que solo a ella se le ocurrirían.
viernes, 30 de abril de 2010
miércoles, 28 de abril de 2010
El partido de la vida
Vengo atrasado con los textos respecto de los momentos de mi vida, lamentablemente hay varios sucesos que me costó mucho narrar, jamás hablé de determinados temas que en algún momento, con más tiempo, hablaré. Pero hoy tengo ganas de contar del presente, de ese momento que estoy transcurriendo donde uno debe barajar y dar de nuevo, uno siente que su vida es un partido de truco, que las cosas pasan con mucha velocidad, tanto que uno no llega a entenderlas, que de un día para el otro, aquel que estaba en frente tuyo y te pasaba las señas, hoy está a tu lado, mirándote las cartas, o a veces ni siquiera eso, y tal cosa, a veces, duele…
Cuesta asumirlo, pero cuando uno lo asume, siempre la intención debe ser que esa persona no se vaya del encuentro, y a veces para lograr eso, uno debe dejar entrever sus cartas, obviamente que si son todos cuatros es mucho más fácil de convencer al potencial “rival”, pero si no lo son, también hay que hacerlo, para que este sepa que tu voluntad es lúdica y no competitiva, esto es, básicamente, lo que estoy viviendo hoy día.
La baraja se rearmo, se está mezclando, y cada jugador tiene nuevas cartas, esas cartas que van a definir una nueva mano, no un partido, por lo menos eso parece, por ahora. El partido parece estar recién arrancando, nuestros puntajes son bajos aún y las cartas, digo sin temor a equivocarme, tampoco son las mejores. Es un momento de incertidumbre, porque hoy con el juego en esta faceta, ninguno conoce de memoria a su compañero, no puede jugar sin hablar, por momentos pareciera que aunque nos conocemos todos, nadie conoce a nadie…
Y cuando miro las cartas que apaño con mis manos solo me quedan algunas contradicciones, esas sensaciones encontradas que le hacen preguntarse a uno muchas cosas, que le hacen sacar a uno muchas conclusiones, esas que hacen sentir escalofríos, mientras calientan la cabeza, de tanto pensar. De ese momento en que uno tiene todo en la cabeza aunque en realidad no tenga nada, me llevo un desenlace parcial, que paso a relatar y luego explicar:
“…Será cuestión de cerrar los ojos y darle para adelante, es de valiente sonreír cuando el corazón llora, pero es de egoísta que el corazón llore cuando debería sonreír...”
Las ganas de cerrar los ojos y hacer lo que fuera, saliendo por un rato de la metáfora del partido de truco, implica perder los prejuicios, pero también los juicios, dejar de pensar que si tal o cual es de tal o cual manera, o hace tal o cual cosa, simplemente cerrar los ojos, hacer lo que uno tiene ganas, con la mayor seguridad posible, y no preocuparse por el que dirán.
Por otra parte, no me quedan dudas que exponer una sonrisa en la cara cuando por dentro uno se desvanece y su corazón está llorando a mares, es una indudable muestra de valentía, porque es saber afrontar los momentos difíciles con entereza, sabiendo cuando pedir ayuda, pero sin animo de dar lastima, pero que llore el corazón porque duele lo que hace alguien, sea cambiarse de silla y tener a otro compañero en el partido de truco, o exigir que de cuatro se vuelva a seis, de seis a ocho, cuando uno hace, lisa y llanamente lo mismo, y eso a uno lo hace feliz, es bastante egoísta por parte de quien llora cuando hace algo que lo hace feliz, solo porque también lo hace otra persona…
La culminación es, aunque cueste, mi corazón aprendió a sonreír, y a arriesgarse a mostrar las cartas, solamente porque tiene como premisa la igualdad de oportunidades y la libertad, y quiere que aquel corazón que antes le pasaba las señas de sus cartas, hoy, sentado a su lado, se las muestre, comenten juntos, se den consejos, porque ambos saben, cuando se miran a los ojos, que tienen un mano a mano pendiente.
Cuesta asumirlo, pero cuando uno lo asume, siempre la intención debe ser que esa persona no se vaya del encuentro, y a veces para lograr eso, uno debe dejar entrever sus cartas, obviamente que si son todos cuatros es mucho más fácil de convencer al potencial “rival”, pero si no lo son, también hay que hacerlo, para que este sepa que tu voluntad es lúdica y no competitiva, esto es, básicamente, lo que estoy viviendo hoy día.
La baraja se rearmo, se está mezclando, y cada jugador tiene nuevas cartas, esas cartas que van a definir una nueva mano, no un partido, por lo menos eso parece, por ahora. El partido parece estar recién arrancando, nuestros puntajes son bajos aún y las cartas, digo sin temor a equivocarme, tampoco son las mejores. Es un momento de incertidumbre, porque hoy con el juego en esta faceta, ninguno conoce de memoria a su compañero, no puede jugar sin hablar, por momentos pareciera que aunque nos conocemos todos, nadie conoce a nadie…
Y cuando miro las cartas que apaño con mis manos solo me quedan algunas contradicciones, esas sensaciones encontradas que le hacen preguntarse a uno muchas cosas, que le hacen sacar a uno muchas conclusiones, esas que hacen sentir escalofríos, mientras calientan la cabeza, de tanto pensar. De ese momento en que uno tiene todo en la cabeza aunque en realidad no tenga nada, me llevo un desenlace parcial, que paso a relatar y luego explicar:
“…Será cuestión de cerrar los ojos y darle para adelante, es de valiente sonreír cuando el corazón llora, pero es de egoísta que el corazón llore cuando debería sonreír...”
Las ganas de cerrar los ojos y hacer lo que fuera, saliendo por un rato de la metáfora del partido de truco, implica perder los prejuicios, pero también los juicios, dejar de pensar que si tal o cual es de tal o cual manera, o hace tal o cual cosa, simplemente cerrar los ojos, hacer lo que uno tiene ganas, con la mayor seguridad posible, y no preocuparse por el que dirán.
Por otra parte, no me quedan dudas que exponer una sonrisa en la cara cuando por dentro uno se desvanece y su corazón está llorando a mares, es una indudable muestra de valentía, porque es saber afrontar los momentos difíciles con entereza, sabiendo cuando pedir ayuda, pero sin animo de dar lastima, pero que llore el corazón porque duele lo que hace alguien, sea cambiarse de silla y tener a otro compañero en el partido de truco, o exigir que de cuatro se vuelva a seis, de seis a ocho, cuando uno hace, lisa y llanamente lo mismo, y eso a uno lo hace feliz, es bastante egoísta por parte de quien llora cuando hace algo que lo hace feliz, solo porque también lo hace otra persona…
La culminación es, aunque cueste, mi corazón aprendió a sonreír, y a arriesgarse a mostrar las cartas, solamente porque tiene como premisa la igualdad de oportunidades y la libertad, y quiere que aquel corazón que antes le pasaba las señas de sus cartas, hoy, sentado a su lado, se las muestre, comenten juntos, se den consejos, porque ambos saben, cuando se miran a los ojos, que tienen un mano a mano pendiente.
viernes, 22 de enero de 2010
Dicotomia de mi vida
Inundado de amor, tanto como de ira, cuesta tomar decisiones certeras. Es mucho más eficaz tratar de poner la cabeza en la heladera. Estoy en ese proceso, en el que debo ver cual es el mejor camino a seguir, sin lastimar a esa persona que sinceramente quiero ver bien, a esa persona que me hace sentir bien. Ha dicho muchas cosas bonitas sobre mi, que a veces no se como retribuir, que a veces me siento en la obligación de retribuir, que a veces siento que retribuyo de sobre manera.
Hay momentos donde lo más importante es una palabra bonita, una frase cursi, pero hay otros donde lo que debe predominar es realizar cosas, brindar hechos. Ese proceso quiero, y creo estar lográndolo, empiezar a circundar. Ver a una persona netamente enamorada de uno es muy satisfactorio, pero aquellos que podemos ser tildados de ambiciosos, o de que no sabemos vivir el hoy, que siempre proyectamos en el mañana, cuando sentimos lo mismo, empezamos a tratar de construir algo que deje cada día más y más huellas, generar una estructura. Gran dicotomía se genera cuando uno quiere eso, puede eso y hace todo lo que esta a su alcance para conseguirlo y la otra persona no quiere, o lo que es peor y duele más, no puede.
Es una pregunta que me hago todos los días, yo quiero proyectar, no sentirme disminuido en ningún momento, ¿Y si no se puede? ¿Debo dejar todo lo que siento de lado por esa ambiciosa necesidad de crecer? ¿Debo calmar mi ansiedad? ¿Debo replantear mi ambición?
Cuantas preguntas, para una sola respuesta. Dejar todo lo que siento de lado por esa ambiciosa necesidad de crecer implica, indefectible y minimamente, cambiar el tipo de relación que tengo, y eso es algo que no estoy dispuesto a hacer, por el simple hecho de que yo llego a necesitar proyectarme con ella, por lo que siento, y cuando la proyección es mucha, los sentimientos no pueden dejarse de lado.
El resto… Son todas incógnitas que para alguien que no las tolera, son un pesar diario. Me encantaría tener alguna respuesta, algún dato o por lo menos, algún atisbo de solución. Una idea con la que poder sobreponerme a la adversidad hoy presente sería excelente, pero no existe hoy por hoy. ¿Y qué hago con eso? Por el momento, me quedo pensando…
También hay otra cuestión, para aquellos que tuvimos varios intentos fallidos en el amor, siempre añoramos conseguir el maravilloso complemento, y así lo sienten ambos, los esfuerzos sobrehumanos por alimentar la pareja, ayudar a la otra persona y tratar de crecer, parecen simples juegos de niños, o por lo menos así, lo siento yo…
Hay momentos donde lo más importante es una palabra bonita, una frase cursi, pero hay otros donde lo que debe predominar es realizar cosas, brindar hechos. Ese proceso quiero, y creo estar lográndolo, empiezar a circundar. Ver a una persona netamente enamorada de uno es muy satisfactorio, pero aquellos que podemos ser tildados de ambiciosos, o de que no sabemos vivir el hoy, que siempre proyectamos en el mañana, cuando sentimos lo mismo, empezamos a tratar de construir algo que deje cada día más y más huellas, generar una estructura. Gran dicotomía se genera cuando uno quiere eso, puede eso y hace todo lo que esta a su alcance para conseguirlo y la otra persona no quiere, o lo que es peor y duele más, no puede.
Es una pregunta que me hago todos los días, yo quiero proyectar, no sentirme disminuido en ningún momento, ¿Y si no se puede? ¿Debo dejar todo lo que siento de lado por esa ambiciosa necesidad de crecer? ¿Debo calmar mi ansiedad? ¿Debo replantear mi ambición?
Cuantas preguntas, para una sola respuesta. Dejar todo lo que siento de lado por esa ambiciosa necesidad de crecer implica, indefectible y minimamente, cambiar el tipo de relación que tengo, y eso es algo que no estoy dispuesto a hacer, por el simple hecho de que yo llego a necesitar proyectarme con ella, por lo que siento, y cuando la proyección es mucha, los sentimientos no pueden dejarse de lado.
El resto… Son todas incógnitas que para alguien que no las tolera, son un pesar diario. Me encantaría tener alguna respuesta, algún dato o por lo menos, algún atisbo de solución. Una idea con la que poder sobreponerme a la adversidad hoy presente sería excelente, pero no existe hoy por hoy. ¿Y qué hago con eso? Por el momento, me quedo pensando…
También hay otra cuestión, para aquellos que tuvimos varios intentos fallidos en el amor, siempre añoramos conseguir el maravilloso complemento, y así lo sienten ambos, los esfuerzos sobrehumanos por alimentar la pareja, ayudar a la otra persona y tratar de crecer, parecen simples juegos de niños, o por lo menos así, lo siento yo…
domingo, 29 de noviembre de 2009
Esa Luna que todo lo ilumina
Esta historia empieza hace catorce años en un pequeño departamento de la Avenida Córdoba. Vivía una pareja con un niño y eran felices…
Un día llego la mujer de la casa con un pequeño animal, una noche donde la Luna empezó a alumbrar.
Una morocha que rápidamente se metió en mi corazón, se hizo querer y hasta la llegue a amar, ella vió mis peores tristezas, mis mejores alegrías y fue la que desde un lugar silencioso se acercó a mimarme en uno de los momentos más difíciles de mi vida.
Siempre acompañó a esa familia que vivía en el pequeño departamento de la Avenida Córdoba, cuando esta fue creciendo, mudándose, etc. Ese pequeño niño de tan solo 4 años que la amaba hoy tiene 18 y dice con total seguridad que esa morocha quedará guardada en su corazón por el resto de su vida.
Durante este año me hizo pegar varios sustos, me tuvo en vilo mucho tiempo. Hasta que hace exactamente veintiún días me di cuenta que faltaba poco tiempo para que perdiera, que no estuviera más a mi lado. Estaba charlando con la persona que me acompaña todos los días de mi vida y que ilumina mis mañanas en la cocina de mi casa cuando me di cuenta que esa Luna que iluminó durante tanto tiempo necesitaba luz, estaba desorientada. Empezamos a observarla entre todos, pero su sufrimiento era más y más, empezaron los llantos suyos y de toda la familia, un día me quebré y a mi compañera le confesé que ya no quería que sufriera más, que me había dado cuenta que no quería luchar más…
Entre llantos que logro consolar caí en la cuenta que esto tendría un final precipitado, así lo fue, desde que me di cuenta a hoy pasaron tan solo tres días y ya tengo el final de la historia…
Fue en la noche del sábado, entre llantos, cuando los médicos nos confirmaron que estaba sufriendo de dolor y yo le mande un mensaje a ella diciéndole que la pelea que dimos se había terminado. Hoy me llamaron para decirme que ya estaba, y empecé a temblar, y yo les juro que no lloré hasta que en un momento sentí un escalofrió y me quebré en llantos, esa conexión que habíamos tenido durante todas nuestras vidas se había cortado, y yo que me despedí sin darle un abrazó y un beso, solo unas caricias y le dije “te amo”…
Un día llego la mujer de la casa con un pequeño animal, una noche donde la Luna empezó a alumbrar.
Una morocha que rápidamente se metió en mi corazón, se hizo querer y hasta la llegue a amar, ella vió mis peores tristezas, mis mejores alegrías y fue la que desde un lugar silencioso se acercó a mimarme en uno de los momentos más difíciles de mi vida.
Siempre acompañó a esa familia que vivía en el pequeño departamento de la Avenida Córdoba, cuando esta fue creciendo, mudándose, etc. Ese pequeño niño de tan solo 4 años que la amaba hoy tiene 18 y dice con total seguridad que esa morocha quedará guardada en su corazón por el resto de su vida.
Durante este año me hizo pegar varios sustos, me tuvo en vilo mucho tiempo. Hasta que hace exactamente veintiún días me di cuenta que faltaba poco tiempo para que perdiera, que no estuviera más a mi lado. Estaba charlando con la persona que me acompaña todos los días de mi vida y que ilumina mis mañanas en la cocina de mi casa cuando me di cuenta que esa Luna que iluminó durante tanto tiempo necesitaba luz, estaba desorientada. Empezamos a observarla entre todos, pero su sufrimiento era más y más, empezaron los llantos suyos y de toda la familia, un día me quebré y a mi compañera le confesé que ya no quería que sufriera más, que me había dado cuenta que no quería luchar más…
Entre llantos que logro consolar caí en la cuenta que esto tendría un final precipitado, así lo fue, desde que me di cuenta a hoy pasaron tan solo tres días y ya tengo el final de la historia…
Fue en la noche del sábado, entre llantos, cuando los médicos nos confirmaron que estaba sufriendo de dolor y yo le mande un mensaje a ella diciéndole que la pelea que dimos se había terminado. Hoy me llamaron para decirme que ya estaba, y empecé a temblar, y yo les juro que no lloré hasta que en un momento sentí un escalofrió y me quebré en llantos, esa conexión que habíamos tenido durante todas nuestras vidas se había cortado, y yo que me despedí sin darle un abrazó y un beso, solo unas caricias y le dije “te amo”…
domingo, 1 de noviembre de 2009
La ruleta de la vida
En la ruleta que llamamos vida todo vuelve a suceder, el amor, la desilusión, los llantos, las alegrías, las tristezas, las amistades y hasta las enemistades. Pero también, siempre, siempre, hay un número que te hace feliz, ese que te da las fichas para seguir intentando, o mismo, para retirarte con una sonrisa dibujada.
Yo le jugué a ese número de vuelta, una vez más, después de que me fuera esquivo, y salió, y ahora, parece que me vicié, y no puedo parar, es que es hermoso, no se como controlarlo, no se como poder evitarlo. Se que si juego de más me va a hacer mal, que en algún momento me voy a quedar sin fichas, pero no puedo evitarlo…
Hoy estoy al limite jugando con fichas rojas y que están calientes, tengo un poco de miedo de quemarme, incluso en algunos momentos tengo mucho miedo, miedo de que el crupier que tiro la pelotita y saco ese número de la felicidad acompañada del amor, me diga: cambió de turno y yo quede otra vez, mirando la nada, sin fichas y con un trago casi vacío que quería compartir con vos.
Hace poco quise tomar ese trago dulce y rico solo, me arrepentí y por suerte estuve a tiempo y supiste comprender, ayudarme a compartir y ahora solo no quiero, solo no me alcanza, solo me parece que no sabe a nada.
Tantas cosas vivimos juntos, tantas veces te compartí de mi trago, te pregunté que número saldría y hasta acertaste. Tantas veces me compartiste de tu trago y hasta me diste una ficha para jugar ese número que vos sabías que iba a salir.
Tantas veces te dí una ficha yo cuando salió un sinsabor, igual que vos hiciste conmigo, tantas cosas que compartimos, y ahora que tengo miedo, mucho miedo, sobre todo, de que te vayas y me dejes solo, jugando como un viciado…
En un momento nos confundimos en un abrazó y me di cuenta que éramos uno, aunque sea por lo que duró ese momento, y me di cuenta que te necesito para ayudarte y para que vos me ayudes a mi, sobre todo para que vos me ayudes a mi, a ser feliz y a mostrarte como pienso yo, que puedo hacerte feliz…
Yo le jugué a ese número de vuelta, una vez más, después de que me fuera esquivo, y salió, y ahora, parece que me vicié, y no puedo parar, es que es hermoso, no se como controlarlo, no se como poder evitarlo. Se que si juego de más me va a hacer mal, que en algún momento me voy a quedar sin fichas, pero no puedo evitarlo…
Hoy estoy al limite jugando con fichas rojas y que están calientes, tengo un poco de miedo de quemarme, incluso en algunos momentos tengo mucho miedo, miedo de que el crupier que tiro la pelotita y saco ese número de la felicidad acompañada del amor, me diga: cambió de turno y yo quede otra vez, mirando la nada, sin fichas y con un trago casi vacío que quería compartir con vos.
Hace poco quise tomar ese trago dulce y rico solo, me arrepentí y por suerte estuve a tiempo y supiste comprender, ayudarme a compartir y ahora solo no quiero, solo no me alcanza, solo me parece que no sabe a nada.
Tantas cosas vivimos juntos, tantas veces te compartí de mi trago, te pregunté que número saldría y hasta acertaste. Tantas veces me compartiste de tu trago y hasta me diste una ficha para jugar ese número que vos sabías que iba a salir.
Tantas veces te dí una ficha yo cuando salió un sinsabor, igual que vos hiciste conmigo, tantas cosas que compartimos, y ahora que tengo miedo, mucho miedo, sobre todo, de que te vayas y me dejes solo, jugando como un viciado…
En un momento nos confundimos en un abrazó y me di cuenta que éramos uno, aunque sea por lo que duró ese momento, y me di cuenta que te necesito para ayudarte y para que vos me ayudes a mi, sobre todo para que vos me ayudes a mi, a ser feliz y a mostrarte como pienso yo, que puedo hacerte feliz…
miércoles, 28 de octubre de 2009
Nuevas Sensaciones
Varias veces demoré hablar este tema, pero lo cierto es que desde hace unos días descubrí como se puede uno sentir acompañado aún cuando se esta físicamente solo, cuando uno puede sentir como lo roza una caricia, aunque esta haya sucedido la noche anterior, mil veces quise saber la razón de esta sensación, o asimismo quise saber que debería hacer con esto que sentía, esto de sentirse importante una vez más, de sentirse cuidado, como pocas veces, de sentir que se cuida, como a nadie.
Cuando este sentimiento trae aparejada una historia externa a cualquier tipo de relación de pareja, o de algo que se le pareciera, la situación se hace aún más pesada, uno no entiende nada, y no sabe que hacer… Tuve esa sensación, ese problema, hasta que nuevamente volví a probar el más placentero de los sabores, el más dulce de los caramelos, el más rico de los asados, esa noche, y no antes, aunque tuviera la convicción, descubrí que debía dejar todo lo que una de las personas más sencillas que conozco, considerara dañino para mi persona, y por otra parte, también, decidí dejar parte de mi pasado en el “umbral de los recuerdos”, parte que va madurando con el tiempo, y aspira a la felicidad suprema, felicidad que también sentí anoche cuando me refleje en los ojos de ella y ví como compartíamos un mismo sentimiento, una misma sensación y un mismo deseo.
Por otra parte, para quienes tenemos la vocación de tratar de ayudar, como se pueda, a quien amamos y vemos mal, o sabemos que necesita algo, hacemos muchas cosas con total de que esa dicha persona se sienta reconfortada, toleramos muchas cosas que en otro contexto no toleraríamos, e incluso, decimos cosas que sabemos que concientemente esa persona no quiere escuchar, pero en la inconciencia del hermoso y utópico mar de los sueños, eso es símbolo de, por lo menos, una sonrisa.
Para cerrar quiero decir que hay gente que en la vida de una persona es símbolo de fiesta, de problemas, o de mil cosas distintas, pero también hay gente que es símbolo de paz, libertad y amor. Cuando esas tres cualidades se juntan en una sola persona, en general esa cumple la función de cable a tierra para quienes tienen algún problema, y además de tres cualidad muy lindas, tienen un poder que no tiene precio, que es tener una persona que juegue todas sus fichas a nombre suyo, porque para quien ve esos símbolos todos juntos en alguien, es muy difícil que no quiera ser feliz con esa persona.
Cuando este sentimiento trae aparejada una historia externa a cualquier tipo de relación de pareja, o de algo que se le pareciera, la situación se hace aún más pesada, uno no entiende nada, y no sabe que hacer… Tuve esa sensación, ese problema, hasta que nuevamente volví a probar el más placentero de los sabores, el más dulce de los caramelos, el más rico de los asados, esa noche, y no antes, aunque tuviera la convicción, descubrí que debía dejar todo lo que una de las personas más sencillas que conozco, considerara dañino para mi persona, y por otra parte, también, decidí dejar parte de mi pasado en el “umbral de los recuerdos”, parte que va madurando con el tiempo, y aspira a la felicidad suprema, felicidad que también sentí anoche cuando me refleje en los ojos de ella y ví como compartíamos un mismo sentimiento, una misma sensación y un mismo deseo.
Por otra parte, para quienes tenemos la vocación de tratar de ayudar, como se pueda, a quien amamos y vemos mal, o sabemos que necesita algo, hacemos muchas cosas con total de que esa dicha persona se sienta reconfortada, toleramos muchas cosas que en otro contexto no toleraríamos, e incluso, decimos cosas que sabemos que concientemente esa persona no quiere escuchar, pero en la inconciencia del hermoso y utópico mar de los sueños, eso es símbolo de, por lo menos, una sonrisa.
Para cerrar quiero decir que hay gente que en la vida de una persona es símbolo de fiesta, de problemas, o de mil cosas distintas, pero también hay gente que es símbolo de paz, libertad y amor. Cuando esas tres cualidades se juntan en una sola persona, en general esa cumple la función de cable a tierra para quienes tienen algún problema, y además de tres cualidad muy lindas, tienen un poder que no tiene precio, que es tener una persona que juegue todas sus fichas a nombre suyo, porque para quien ve esos símbolos todos juntos en alguien, es muy difícil que no quiera ser feliz con esa persona.
martes, 28 de julio de 2009
¿Soy mediocre por dudar?
La duda es la expresión de los mediocres.
Una frase, que acapara mi pensamiento desde hace un rato, cuando lo leí por parte de una niña muy bonita respecto de una historia personal. Por suerte se decidió por seguir luchando, y eso me pone muy feliz. No esta muerto quien pelea, y pelearé codo a codo con ella si así lo requiere.
Igual quería hacer análisis un poco más exhaustivo sobre la frase, en este intento por leerla entre líneas. Mediocres hay muchos y de diferentes índoles, algunos de ellos dudan demasiado, otros se escapan de las situaciones que son difíciles, y otros son autoritarios, por la mediocridad de sus fundamentos.
Quiero quedarme con estos primeros, que son los que ella resalta, dudar no me parece un error en si mismo, me parece un error dudar sobre las cosas que decide o no hacer alguien, en base a lo que le dice el resto, sobre todo si este no tiene ningún tipo de autoridad. Yo no puedo resignarme a salir de noche, porque a la mañana siguiente puedo enterarme que alguien me estuvo observando. No puedo negarme a estar de novio, porque alguien que dice interesarse por mi, no quiere que así sea, la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.
Dudar entre algo que uno quiere hacer o dejar de hacerlo, por cuestiones externas, eso si se acerca a la mediocridad, y si la elección es la dejar de hacerlo, se es un mediocre.
Pero uno puede tener actitudes mediocres sin serlo. Yo he dudado muchas veces por cuestiones así, por miedos, y al enfrentarlos, por ese u otro motivo, se pierde el rol de la mediocridad. Por más que uno dude si dejarse vencer por la duda o el temor en un ámbito, si ante la misma persona, en otro ámbito, se decide jugarse por lo que uno quiere, no solo no se es un mediocre, sino que se es muy valiente. Valoro mucho eso.
Siempre espero que la valentía lleve a buen puerto, que el jugarse permita ganar, pero los que se juegan por mi, o conmigo, tienen una ventaja, contra tantas que implica jugarse por el que tiene los sueños más utópicos, este loco que fantasea tiene todo para darles a los que estén de su lado si pierden, si sale mal, a si sea un beso, un perdón, por haberse jugado por mi, o hacerse cargo la situación ante otra persona.
Si esa persona es mujer y tengo su encanto en la retina, además, tiene otra virtud, envuelta en mis brazos tendrá calor en invierno, sombra en verano y protección si intentan agredirla. Por lo menos, eso me gustaría poder brindarle…
Una frase, que acapara mi pensamiento desde hace un rato, cuando lo leí por parte de una niña muy bonita respecto de una historia personal. Por suerte se decidió por seguir luchando, y eso me pone muy feliz. No esta muerto quien pelea, y pelearé codo a codo con ella si así lo requiere.
Igual quería hacer análisis un poco más exhaustivo sobre la frase, en este intento por leerla entre líneas. Mediocres hay muchos y de diferentes índoles, algunos de ellos dudan demasiado, otros se escapan de las situaciones que son difíciles, y otros son autoritarios, por la mediocridad de sus fundamentos.
Quiero quedarme con estos primeros, que son los que ella resalta, dudar no me parece un error en si mismo, me parece un error dudar sobre las cosas que decide o no hacer alguien, en base a lo que le dice el resto, sobre todo si este no tiene ningún tipo de autoridad. Yo no puedo resignarme a salir de noche, porque a la mañana siguiente puedo enterarme que alguien me estuvo observando. No puedo negarme a estar de novio, porque alguien que dice interesarse por mi, no quiere que así sea, la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.
Dudar entre algo que uno quiere hacer o dejar de hacerlo, por cuestiones externas, eso si se acerca a la mediocridad, y si la elección es la dejar de hacerlo, se es un mediocre.
Pero uno puede tener actitudes mediocres sin serlo. Yo he dudado muchas veces por cuestiones así, por miedos, y al enfrentarlos, por ese u otro motivo, se pierde el rol de la mediocridad. Por más que uno dude si dejarse vencer por la duda o el temor en un ámbito, si ante la misma persona, en otro ámbito, se decide jugarse por lo que uno quiere, no solo no se es un mediocre, sino que se es muy valiente. Valoro mucho eso.
Siempre espero que la valentía lleve a buen puerto, que el jugarse permita ganar, pero los que se juegan por mi, o conmigo, tienen una ventaja, contra tantas que implica jugarse por el que tiene los sueños más utópicos, este loco que fantasea tiene todo para darles a los que estén de su lado si pierden, si sale mal, a si sea un beso, un perdón, por haberse jugado por mi, o hacerse cargo la situación ante otra persona.
Si esa persona es mujer y tengo su encanto en la retina, además, tiene otra virtud, envuelta en mis brazos tendrá calor en invierno, sombra en verano y protección si intentan agredirla. Por lo menos, eso me gustaría poder brindarle…
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